sábado, 27 de noviembre de 2010

El padre de la criatura

"El futuro está lleno únicamente de dolor y viejos recuerdos... Necesito estar en paz y éste es el único modo de lograrlo. Mi vida ha sido maravillosa."
















Las últimas palabras escritas de uno de los mayores guionistas y directores del género fantástico, gran dinamizador de los famosos monstruos de la Universal y creador de iconos cómo fué James Whale, ya que en los años 30 tres de sus títulos no sólo supondrían el punto de partida para una franquicia básica en la historia del género, si no que supondrían la oportunidad de que actores de la talla de Boris Karloff, Gloria Stuart Elsa Lanchaster o Claude Tains, entre otros, empezasen a forjar sus carreras.

A diferencia de muchos autores actuales que han saltado del videoclip a dirigir trabajos para la gran pantalla, con la carga visual que ello conlleva, Whales inició su andadura en los escenarios, dirigiendo a un entonces desconocido Laurence Olivier en la obra "Journey'sEnd" con más de 600 representaciones en el West End londinense. Ese éxito le permitió llevar dicha obra a los teatros de Broadway, siendo este un paso crucial en la historia del cine ya que en su llegada a Hollywood rueda "The Doctor Love" (1929) y "The Waterloo Bridge" "El punte de Waterloo, 1931), esta última ya para Universal, siendo el primer paso de una relación a dos bandas tortuosa y digna de llevarse a a gran pantalla del mismo modo que el llevó las historias de outsiders con una sensibilidad que pocos directores han sabido plasmar. Dicho y hecho, Bill Condon dirigió "Gods and Mosnters" ("Dioses y Monstruos") en 1998 con un magnífico Ian McKellen en la piel del James Whale.

Abiertamente homosexual en una época en que este hecho no reportaba popularidad, glamour ni facilidades artísticas, esta condición de misfit le convirtió en el director idóneo para llevar
a la pantalla blanca en el año 1931 la adaptación del clásico de Mary Shelley Frankenstein dotando de la sensibilidad necesaria la historia de la criatura del Doctor Frankenstein, marginado entre los marginados, incomprendido por antonomasia y con mucha más profundidad que la que, desgraciadamente, se suele asociar al personaje. Sin embargo, la peculiaridad de Whales se hace patente cuando en lugar de tomar la obra de Shelley cómo referente para la película, la base parte de la adaptación teatral que Peggy Webling llevó a cabo en 1927 y en la que ALBRICIA....se bautiza a la criatura cómo Frankestein en honor a su creador Victor Frankestein. A partir de ahí, la película alcanza la categoría de clásico del género indiscutible, y Boris Karloff deleita a los espectadores con una interpretación memorable convertida en icono.

En 1933 llega, sin embargo, la que para un servidor es la película más personal de Whales "The Invisible Man", adaptación el clásico de H.G. Wells con un sobervio Claude Rains en su primer papel en suelo americano, otrogando mayor humaidad e incluso cierto transfondo político y megalomaníaco al Doctor Griffin. Nos encontramos con este título ante una de las películas que suponen un antes y un después en los efectos especiales, llevados a cabo con maestría por Fulton, Mescall y Williams pero siempre al servicio de la historia. Tal fue la acogida de la película que supuso el despegue de Rains que, posteriormente llegaria a estar nominada hasta en cuatro ocasiones al premio de la academia, y Whales recibió una invitación para El Festival de Venecia.

Y, tras dos grandísimas películas, en 1935, Whales nos obsequió con su obra maestra, con aquella que alcanza su máxima expressión en cuanto a sensibilidad hacia un personaje y a la vez la más polémica por sus problemas con la censura que creían encontrar referencias veladas a la homosexualidad e incluso a la necrofilia en los lugares más insospechados. De nuevo Karloff interpreta a la criatura (me niego a llamarle monstruo) de Frankestein, pero esta vez lo encontramos tremendamente bien acompañado por Elsa Lanchester en el doble papel de Mary Shelley y en la inolvidable compañera de Frankenstein. Estamos hablando, por si a alguien le abordaba la duda, de "The Bride Of Frankestein" (La Novia de Frankestein). No sólo la crítica la ensalzó cómo su obra maestra si no que supuso el mayor éxito comercial de Universal hasta la fecha

Poco o nada podia imaginar que dicho éxito iba a convertirse en un arma de doble filo, Universal intentó exprimir a Whales en una secuela de "Dracula" llamada "Dracula's Daughter" a lo que el director se negó por miedo a encasillarse y a que interfiriese en su adaptación de "Show Boat". Dicha negativa y el fracaso tanto de crítica cómo de público de "Remember Last Night" (1935),unidos ambos al hecho de que la familia Laemmle perdiese el control de La Universal a manos de Cheever Cowdin, Charles Rogers y, por extensión de la Standard Capital Corporation, llevaron a Whales a dirigir una colección de olvidables títulos Serie B por obligaciones contractuales y sólo alcanzaría el éxito comercial una última vez con "The Man in the Iron Mask (El hombre de la máscara de hierro) en 1939.

La apoplejía que sufrió a causa de la igualación de humos durante un incendio en su mansión unida a sus continuas depresiones, el declive total de su carrera y los fantasmas de la guerra, que nunca logró superar, le condujeron a tomar un último baño en su piscina, de la que, por iniciativa propia, nunca más saldría.

Whales nos abandonaba, pero nos dejaba en herencia algunos de los mayores iconos de la historia del cine. Realmente su futuro iba a estar lleno de dolor, pero dignificó la revisión a su pasado.


Abel Fernández

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