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jueves, 15 de octubre de 2009

Neuromancer


1984 no es sólo el título de una obra básica de la literatura de ciencia ficción con contenido político, caprichos del destino, también es el año de "Brazil" de Terry Gilliam, "Terminator" de James Cameron y de la publicación de la considerada por muchos la obra que dió el pistoletazo de salida al género del cyberpunk, Neuromancer de William Gibson, publicada en español con el nombre de Necromante.

Quedan todavía dos años, si se cumplen los periodos fijados en su etapa de pre-producción, para que la adaptación cinematográfica de Prodigy Pictures, dirigida por Joseph Kahn llegue a ver la luz, por lo que incluso los lectores más perezosos disponen de un tiempo considerable para disfrutar de ella antes de que se la den masticada.

Quien lo desee, siempre puede echar mano de la DVDteca y visionar "Videodrome" de David Cronenberg, dedicar un rato a >John Carpenter y "Escape from New York", visitar la realidad virtual con "The Lawnmower Man" de Brett Leonard, tomar la pastilla azul de los hermanos Wachowski con "The Matrix", sintonizar con la obra de Alex Proyas "Dark City" o sumergirse en el universo de "Blade Runner". Sin embargo la novela de Gibson se merece vuestra atención si cualquiera de las películas nombradas se encuentra entre vuestras favoritas.

En primer lugar, ya que el propio autor lo ha reconocido, es indudable la influencia de la nombrada "Blade Runner" en esta novela hasta el punto que le llevó a plantearse si sería una losa demasiado pesada. El tiempo demostró que no y en un mismo año consiguió ganar los tres premio más prestigiosos de literatura de ciencia ficción: el Premio Nébula, el Premio Hugo y el Premio Philip K. Dick de forma más que merecida y destacable, mucho más si tenemos en cuenta que se trataba de la primera novela de Gibson, que prosiguió con la trama iniciada en ella hasta completar la Trilogia del Sprawl.

Estableciendo un paraleismo con los autores “New Wave” de los 1960, que enriquecieron la narrativa de ciencia ficción tradicional al introducir el sexo y los narcóticos, Gibson creó una narrativa en la que aparecen las preocupaciones sociales y relacionadas con la tecnología latentes en los 80.

Gibson destaca especialmente por la calidad de su narración en lo referente al mundo en que esta ambientada la acción, que, en multitud de ocasiones parece ser secundaria respecto al propio universo en que se desarrolla: ex prostitutas manipuladas genéticamente, muertos que perduran como fantasmas digitales. Es más, se podría decir que la historia es secundaria, una excusa que el autor necesita para poder hablar sobre lugares, objetos y conceptos nuevos.

Neuromancer también obtuvo un basto reconocimiento por la presentación en sociedad de monumentales avances tecnológicos, ya que la novela muestra dos planos de acción: Realidad Real y Ciberespacio (sí, sí, aquí nació) al igual que ayudó a bautizar a una de las megacorporaciones que podían haber aparecido reflejadas en la propio obra; Microsoft, en este caso, un chip utilizado junto a un implante cibernético que permite al usuario experimentar nuevas habilidades a nivel virtual. <

En cuanto a los aspectos sociocultural, político y económico manifiestos en el texto, el Estado se halla casi completamente desvanecido: salvo un par de imprecisas menciones a fuerzas armadas, y la marginal aparición de cierto tipo de policía llamada Turing6, encargada de investigar y controlar a las Inteligencias Artificiales (IA), se sugiere el dominio globalizado deunas cuantas empresas multinacionales.

La historia se desarrolla en un futuro controlado por megacorporaciones, los remanentes del gobierno no pueden garantizar la seguridad dando lugar al individualismo político, y la tecnología avanza a pasos agigantados con el correspondente peligro que ello comporta en cuanto a la delgada línea que establece entre humanos y máquinas. Gibson desafia las barreras que separan a ambos mostrando a humanos que confían su día a día a máquinas que adoptan emociones y personalidades (con una notable influencia de la idea de los Nexus 6) y manteniéndose en la ambibalencia moral al respecto. En dicho futuro, ni siquiera la muerte es constante ya que se pueden almacenar recuerdos eternamente en la matriz (MATRIX) .


Se podría escribir durante horas sobre multitud de aspectos de la novela, citar pasajes reveladores, hablar de más personajes o adentrarnos en el plot, sin embargo me arriesgo a recomendar la lectura de esta obra de ficción especulativa con tintes proféticos y acompañar a Case, Molly, Armitage, Maelcum y Dixie en este mundo donde la inteligencia artificial Wintermute les embarca en una misión de rescate para liberar a Neuromante y así lograr el objetivo de su existencia.




viernes, 14 de agosto de 2009

¿Sueñan los androides con viajes al centro de la tierra?.




En unos tiempos en que el cine de ciencia ficción se nutre, básicamente, de remakes o ideas manidas, TOXICVISION decide bucear en la historia de dicho género. Ponéos las escafandras y acompañadnos en la inmersión, o, en caso de ser más de aquellos que prefieren el espacio, he aquí una posibilidad de honrar a Bradbury y sus Crónicas Marcianas sin tener que ver un paseo de ex concursantes de Gran Hermano, término, por cierto, también presente en nuestra breve lección.

Desde las novelas de anticipación de Jules Verne, pasando por las sociedades antiutopícas, hasta alcanzar la New Wave, con K. Dick en cabeza, el paraguas de la ciencia ficción resguarda temáticas de lo más variadas, cuya única condición para ser considerada parte del género es que se fomente la especulación, se explote una dimensión de las ciencias sin cabida en el mundo real, con el consiguiente peligro de caer en la anacronía, pero, especialmente, que sean capaces de maravillar al lector.

Al principio, la ciencia ficción explotaba ideas más o menos orginales de un modo tremendamente infantil, cambio del entretenimiento, de estar dispuestos a creer en científicos reducidos a tamaños ínfimos por rayos, o aliénigenas tan inteligentes cómo poco amistosos. Sin embargo, la ciencia ficción siempre ha tenido un aliado para dicha credulidad, el hecho de que los lectores han sido testigos de innovaciones tecnológicas notables, por lo tanto ¿porqué no creen en propuestas más arriesgadas?

¿Os habéis preguntado alguna vez de donde sale el nombre de ciencia ficción? El término Sci-Fi fué acuñado en USA en 1929 por Hugo Gernsback, editor de Amazing Stories o Science Wonder Stories, pero sería injusto considerar que el género nace en ese momento, por lo que nos remontaremos a cuando simplemente se las conocía cómo novelas fantásticas.

Los fundadores indiscutibles de este género son Jules Verne i H.G. Wells, cuyas historias se han llevado repetidamente al cine. En el caso del primero podemos hablar desde "Viaje a la Luna" de Melier (1902) hasta la desafortunada "Viaje al centro de la tierra" de 2008, pasando por varias adaptaciones "20.000 Leguas de Viaje Submarino" o "La Isla Misteriosa", entre otras. La obra de H.G. Wells, por su lado, inspiró muchas historias de cine, televisión y hasta obras de teatro, a destacar, también, en algunos casos con diferentes versiones, The Time Machine (La máquina del tiempo), The War of the Worlds (La guerra de los mundos), The First Men in the Moon (Los primeros hombres en la Luna) , The Invisible Man (El hombre invisible) The Island of Doctor Moreau (La isla del doctor Moreau).

En USA, sin embargo será Edgard Rice Burroughs, también conocido por ser el creador de ese hombre en taparrabos llamado Tarzán, quien, sin llegar a la calidad de los autores europeos, se lanza de cabeza a iniciar las serie Bajo Las Lunas de Marte en 1912.

Y llega uno de los momentos claves en la ciencia ficción, se acabaron los inventos, los hombrecillos verdes y todo aquello que simplemente distraía a la gente pero les hacía pensar más bien poco. 1984 de Orwell, Un mundo feliz (Brave new world) de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury se adentran en sociedades tecnificadas, con un control ferreo sobre las ideas y las personas, incluso adelantándose a los peligros de la manipulación genética. El Gran Hermano nos vigila y no desde una galaxia lejana, si no desde los despachos en los que ejerce su poder centralista.



Tras estas incursiones llega la época dorada en la que Astounding Stories del editor John W. Campell, publica relatos de Isaac Asimov, Rober Henlein o Theodore Strugeon, entre otros, sin embargo, los adolescentes reclaman portadas llamativas con monstruos babosos persiguiendo a pin-ups mostrando carne,a pesar de que los contenidos de la revista nos muestran hipótesis que abarcan desde la física, química o bilología hasta la antropología o la psicología para llevar a buen puerto los relatos. Eso sí, ¿alguien creía que íbamos a olvidar que las historias de más éxito en los años 30 y 40 son aquellas en que los mutantes radiactivos, tanto humanos cómo insectos, se hacen eco de la paranoia nuclear?

En los 50 se siguieron publicando historias de mutantes, peligros nucleares y viajes espaciales, aunque la gran novedad fué la explotación de los supuestos poderes sensoriales. Sin embargo,a la literatura de ciencia ficción le aparece un competidor terrible, el cómic, que, cómo era de esperar, resulta mucho más llamativo para el público juvenil y adolescente que otrora devoraba los libros que aparecían en el mercado y la nueva dictadura a la que se enfrenta el género, poco tiene que ver con las narradas por sus autores, es, ni más ni menos, que la dictadura de la economía.

El género nunca volverá a ser el mismo y ese pesimismo vital desemboca en la New Wave, en gran parte heredera del pesimismo europeo. En estas novelas, la ciencia no libera, la ciencia esclaviza y lo que cuenta ahora es el espacio interior, la consciencia con grandes obras de Silverberg, Frietz Leiber, pero especilamente Philip K. Dick, cuya novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?, 1968) es la historia de un cazador de recompensas que vigila la población local de androides y fue la base literaria de la mítica "Blade Runner" (1982) dirigida por Ridley Scott y precursora del género cyberpunk.



El cine tomo el relevo a la literatura, en muchos casos, aprovechó sus relatos, para acercar al espectador toda la temática de ciencia ficción en años posteriores, a pesar de que el género, en litaratura se dignificó y autores cómo Arthur C. Clark o Joe Haldenman, nunca tuvieron que preocuparse de que se les considerase o una literatura menor o pulp.

Y cómo dijo un hombre sabio, o replicante en su defecto:

"Wake up, Time to Die"


Abel Fernández